Título original: Entre
les murs.
Director: Laurent
Cantet.
Intérpretes: François
Bégaudeau y y alumnos del Instituto Françoise Dolto.
Productora: Haut et Court.
Guión: Laurent
Cantet y François Bégaudeau. Basada en la novela “La clase” de François Bégaudeau.
Fotografía: Pierre
Milon.
Música: Varios.
Año de producción: 2008.
Francia.
Duración: 128
minutos.
Un
cine comprometido con la sociedad.
Laurent Cantet es uno
de los cineastas más reconocidos en el panorama actual francés, en esta película
repite con la productora Haut et Cout,
que ya le hiciera en 1999 la producción de su ópera prima, Recursos Humanos (Laurent Cantet, 1999). Esta nos narra la historia
de un joven universitario que consigue un trabajo de pasante en el departamento
de recursos humanos en una fábrica. Durante la película vemos cómo la ilusión
del joven se ve truncada cuando se da cuenta de que su papel en la empresa
consiste en la reducción de la plantilla. A partir de ese momento el muchacho
promoverá una lucha a favor de los derechos de los trabajadores. Como se puede
comprobar con esta y varias de sus obras, Cantet, aboga por un cine de realidad
social, un cine comprometido con el que pretende hacernos reflexionar. Por
ejemplo, en Foxfire (Laurent Cantet, 2012),
película posterior a la aquí criticada, nos presenta a un grupo de chicas, que
en la Nueva York de los años 50, decide montar una banda que “luche” contra una
violencia, sobretodo machista, que las mantiene acosadas. Sin duda Cantet es un
director que trata temas importantes que acechan a la sociedad, en La clase (Laurent Cantet, 2008),
adaptación de la obra homónima de François Bégaudeau, muestra a través de la
marcha de una clase de francés cómo funciona el sistema educativo en Francia o
incluso la democracia y movimiento de minorías étnicas en dicho país. El
resultado de este film, y más concretamente de la dirección de Cantet, se debe
por tanto a la incursión de la historia en los temas que al francés tanto le
gustan.
Importante por su parte
es la aportación y presencia de François Bégaudeau1, profesor,
periodista y escritor de la novela, tanto en el guion como en el elenco actoral
principal. François, el profesor conductor de la clase, es un autorretrato del
mismo Bégaudeau que no sólo toma el mismo nombre que el autor sino que cuenta
en gran medida su experiencia en la educación. Durante los 128 minutos que dura
la película, es acompañado por los profesores y alumnos de este centro marginal
en el que se desarrolla la historia, estos últimos son interpretados por los
mismos estudiantes del Instituto Françoise Dolto que recibieron clases de
interpretación mientras que el film estaba aún en producción. Esto no es un
hecho aislado, Cantet se ha decantado por actores no profesionales en varias
ocasiones ya que para él existen razones imperantes para hacerlo, como el poder
compartir con un actor su primera vez, su descubrimiento o lo que este aporta al
personaje a partir de sus experiencias personales. Como él mismo explica en una
entrevista digital del periódico El País, esta forma de trabajar da veracidad y
se nota después en la pantalla. Repetirá esta técnica en la ya mencionada Foxfire y además con éxito, Katie Coseni,
que interpreta a una de las chicas integrantes de la banda, ganó en 2012 la Concha
de Plata a la mejor actriz en el Festival Internacional de Cine de San
Sebastián.
Otro aspecto importante
a tener en cuenta en la filmografía de este director es la realización de obras
en las que la mayoría de las veces sus personajes principales son adolescentes.
Estos adolescentes tienen un corte bastante similar, son jóvenes inconformistas
que creen que un mundo a través de la justicia, luchan por ser escuchados y
entendidos, es la juventud que caracteriza la situación actual en la que
estamos sumergidos. No es de extrañar que Cantet elija esta visión para tocar
temas tan trascendentales como el desempleo, la educación, la inmigración, la democracia,
la lucha de sexos o el maltrato, es una etapa en la vida de una persona en la
que se está lleno de energía, en la que se quieren cambiar cosas, en la que se
defienden derechos que se piensan legítimos, etc.,
1 François Bégaudeau es un profesor, escritor, periodista y crítico de cine francés. Está licenciado en Literatura, ha dado clases en un instituto en Dreux y en París. Su primera novela Jouer juste salió al mercado en 2003. En 2006, su tercera novela titulada Entre les murs (obra en la que está basada la película) le valió el Premio France Culture / Télérama. Es crítico de cine y columnista en un par de programas en Canal+ Francia. Actualmente tiene en su haber 11 novelas, la última es La politesse, publicada en 2015.
Una Francia en erupción.
El espacio elegido para
desarrollar la historia o la película que aquí nos compete es una clase de un
instituto, pero no un instituto cualquiera, sino uno marginal de clase obrera
situado a las afueras de París. Este requisito obviamente tiene un porqué, no es
solo que la obra literaria recoja en sus 232 páginas las experiencias y
enseñanzas del mismo Bégaudeau en un centro de estas características
haciéndonos ver cómo funciona la educación o incluso la democracia en Francia,
sino que también, al crear este microcosmos, podemos observar el comportamiento
de las minorías étnicas en dicho país tanto así como el sentimiento de la
sociedad francesa en la actualidad.
No es casualidad que el
libro La clase se publicara en 2006,
un año después de los disturbios acaecidos en Francia a finales de 2005. Estos,
iniciados en París y extendidos al resto del país, fueron provocados por la
muerte de dos adolescentes pertenecientes a una minoría étnica, llamados Ziad
Benna y Bouna Traoré. Se dice que murieron tras recibir un shock eléctrico mientras
trepaban por una instalación eléctrica cuando eran perseguidos por la policía debido
a un supuesto robo. Después del incidente la gente se empezó a manifestar, los
disturbios se caracterizaron por la quema de coches y el duro enfrentamiento
entre los jóvenes y la policía. Estos hechos eran el resultado de una situación
insostenible en el país, los manifestantes, de los cuales una importante
proporción eran inmigrantes del norte de África, se quejaban de estar hartos de
vivir con miedo y en condiciones inhumanas.
Bégaudeau refleja en
gran medida esta situación en su obra, como ya se ha mencionado antes, la
elección de un instituto de esta categoría no es aleatoria y el autor pone sobre
la mesa todas estas inquietudes del pueblo francés.
Entre los muros de una clase.
La película comienza
con una reunión de principio de curso en la que los profesores, animados y con
ganas de trabajar, se dan la bienvenida unos a otros. Empiezan las clases y
enseguida nos damos cuenta de que el objeto de “estudio” de esta historia va a
ser una clase concreta, la clase de francés que imparte el profesor François
Marin, Bégaudeau, a un curso concreto, un grupo de personas que no han elegido
estar juntas pero que deberán “convivir” muchas horas entre cuatro paredes, es
la representación en pequeño de una sociedad. Durante todo el film estamos
inmersos en ese instituto sin poder escapar de él, somos como un estudiante más
que realiza un aprendizaje a lo largo de un periodo de tiempo. En este grupo
tan variopinto, multirracial y marginal que es La clase nos encontramos desde
inmigrantes del norte África, a inmigrantes de China, franceses que no se
sienten franceses o al contrario, inmigrantes que se sienten franceses, etc.,
cada uno puede representar una parte de esta clase marginal y de los suburbios
de Francia.
Souleyman, inmigrante africano inadaptado y descontento, que se
contrapone por ejemplo a Carl, que aunque es inmigrante, ya se siente francés o
a Wei que aunque no se desenvuelve perfectamente en la lengua, es un muy buen
estudiante. También, hay un momento en el que a una de las alumnas francesas se
le pregunta por qué dice que no es francesa, ella responde que no se siente
como tal, esta actitud podría deberse al descontento general que tiene el
pueblo francés, y más concretamente las clases bajas, con el funcionamiento del
país, es tal la decepción que sienten que se ven desarraigados de su propio
hogar. Esmeralda representa a la sociedad francesa autóctona, en este caso de
la clase baja y marginal que debido a estas condiciones se ven subestimados y
no escuchados, cierto es que en la película Esmeralda no hace nada más que
pegar voces y reírse y hablar cuando no toca, pero esto es una forma de
expresar que las clases superiores solamente oyen lo que quieren oír, para
ellos lo que dicen los demás es verborrea. El último alumno que voy a mencionar
es Enriette, que pasa desapercibida durante todo el film pero que al final nos
expone algo muy interesante, según ella no ha aprendido nada durante todo el
curso, esta situación puede causarnos pena o tristeza, pero lo peor de todo es
que representa una parte que existe de la sociedad, ya no solo la francesa,
hablo de aquellas personas que no se sienten de ningún lado, están excluidas,
se encuentran por lo tanto perdidas. Aquí François intenta hacerle ver a su
alumna que esto no puede ser así, pero no lo consigue, ¿realmente la están
ayudando?
Los profesores en esta película serían la clase media que
intenta convivir con la clase baja o marginal. Hay ocasiones en las que
intentan ayudar, pero finalmente se dan por vencidos, están hartos. Esta
condición les lleva a proponer a veces el Consejo Disciplinario con el que se
“deshacen” de los alumnos problemáticos, tienen el papel de jueces y toman la decisión
de cambiar la vida de alguien, en este caso el cambio de instituto o en el caso
de Souleyman quizás su vuelta a Malí.
Pero la última palabra
la tiene el director, que sería la clase alta, este es el que acepta o rechaza
el convocar el Consejo Disciplinario u obliga a los profesores a hacer una cosa
o la otra.
En realidad François es
un profesor que se sale de la norma ya que lucha por ellos hasta el final
aunque con Souleyman finalmente tiene que someterse al sistema. En sus clases
fomenta la participación y el respeto, los alienta para que trabajen y
aprendan. Construye una pequeña estructura o sociedad democrática dentro de la
propia clase, no es casualidad que el libro que dice haber leído Esmeralda al
final de la película sea La República
de Platón. Al igual que Sócrates dialoga en esta con sus discípulos y discuten
sobre la justicia, François lo hace con sus alumnos. No sólo eso sino que
Platón en su manuscrito aborda la organización de la ciudad-estado dividiéndola
en tres clases, una clase inferior de trabajadores, la clase intermedia de
guerreros y arriba del todo la clase de los dirigentes, ordenación que, como ya
se ha visto, copia Bégaudeau en su novela y es plasmada también en la película.
Realidad caótica.
Durante los 128 minutos
que dura la película asistimos a un intensísimo diálogo entre el profesor y sus
alumnos. Bégaudeau, pletórico y cómodo en su papel ya sea porque es una
representación de él mismo o porque ha trabajado su interpretación, nos conduce
a través de un sistema educativo que es rechazado por los estudiantes. Muestras
de esto son claramente visibles a lo largo del film que se caracteriza por el
uso de planos cortos y rápidos que puedan seguir el curso de las discusiones. Hay
instantes en la película que son un auténtico caos, más de cinco personas
hablando a la vez y muy rápido, todos pegando voces, insultándose e incluso
agrediéndose, llega un momento en que sientes colapsar tu cabeza y necesitas
respirar, necesitas salir de esas cuatro paredes, necesitas salir de esa clase
pequeña en la que los alumnos están casi apretujados, pero es imposible, no
puedes, al igual que todas esas personas que viven en los barrios marginales y
de la periferia, esas personas que viven en los guetos y les es muy complicado
salir de ahí. Hay una escena en la película que recrea esto, Esmeralda y Khoumba
le dicen al profesor que ellas algunas veces van a pasear por las Galerías
Lafayette, este se asombra, no se espera que dos chicas de barrios bajos vayan
a los barrios más altos y ricos de la ciudad, obviamente no les está prohibido,
pero es raro ver a la gente de los barrios periféricos en los barrios
céntricos. No podemos salir del instituto, de la clase en la que estamos
obligados a permanecer, Souleyman lo hace y este hecho tiene terribles
consecuencias.
En general el trabajo
que realizan los alumnos en el film es digno de mención, sobre todo teniendo en
cuenta que ni siquiera son actores reales y que los escogieron porque era la
mejor forma de dotar de realidad y veracidad a la historia. Realmente te los
crees, piensas en lo difícil que sería dar una clase con unos estudiantes como
ellos o qué harías si estuvieras en la situación del profesor. La verdad es que
la técnica de apostar por actores amateur le ha dado y le está dando muy buen
resultado a Cantet.
Ficción documental.
Algunos apostaban al
ver La clase (Laurent Cantet, 2008)
que lo que ahí se les presentaba era un documental y no una película, sobre todo
en su inicio, Cantet tuvo que desmentirlo diciendo que aunque en un principio
podría haber sido un documental, realmente era una obra de ficción que narraba
hechos que habían ocurrido o podrían ocurrir verdaderamente en la vida de una
clase y en uno o varios años escolares. Lo cierto es que son demasiadas las
cosas que se cuentan en la película y que no puede ser real que todas ocurran
en el mismo año y en la misma clase, además hay momentos en los que se da más importancia
a unos personajes sobre otros, pero claro, Cantet, al igual que muchos otros
autores contemporáneos, está apostando por desdibujar la frontera que existe
entre documental y ficción ya que es su forma de representar la realidad en la
que vivimos ahora. Esto nos evoca a lo que ya hiciera Robert Flaherty en los años 20 con Nanuk, del Norte (Rober Flaherty, 1922),
película que contaba la vida de una esquimal pero en clave de documental.
Ninguno de los personajes eran actores sino que eran esquimales de verdad “representado”
su propia vida. Muchos años después esta técnica se sigue utilizando y al
contrario de lo que pueda parecer, cada vez existen más cineastas que apuestan
por ella, ejemplos de ello son, entre otras, Moolaadé (Ousmane Sembene, 2004) que trata sobre la mutilación
femenina en África, Inch'Allah (Anaïs
Barbeau-Lavalette, 2012) cuyo eje de la trama se centra en el conflicto
árabe-israelí o la reciente Dos días, una
noche (Jean-Pierre y Luc Dardenne, 2014), que recuerda por su temática a la
cinta ya mencionada de Cantet, Recursos
humanos.
Esas dotes de
documental que puede adquirir la historia de La clase son sin duda una de las razones por las que Cantet decidió
llevarla a la pantalla como él bien ha dicho en alguna ocasión, eso y la
relación desarrollada entre el personaje de François y sus alumnos. Sin duda
ese vínculo que se crea entre un “bando” y otro, ese instinto de protección que
tiene el profesor, es realmente lo que hace que la película sea diferente.
Amanda Pavo Ferrezuelo



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