FICHA TÉCNICA
Director: Pedro
Almodóvar.
Intérpretes: Antonio
Banderas, Elena Anaya, Marisa Paredes, Jan Cornet, Blanca Suárez, Bárbara
Lennie, Eduard Fernández, Roberto Álamo.
Productora: El
Deseo S.A.
Guión: Pedro
Almodóvar (Novela: Thierry Jonquet).
Fotografía: José
Luis Alcaine.
Música: Alberto
Iglesias.
Año de producción: 2011.
España.
Duración: 117
minutos.
Almodóvar
es diferenciación.
Pedro
Almodóvar es uno de los directores españoles más reconocidos
internacionalmente, por no decir el que
más. A lo largo de los años, aunque rechazado por muchos, se ha ganado
una fama o una gloria más que merecida.
El
cine de Almodóvar ya casi prácticamente desde sus inicios sigue unas pautas por
las que va a ser identificado inmediatamente; la primera se podría decir que es
una influencia del cine clásico americano. Desde Howard Hughes hasta Alfred
Hitchcock. Extrapola estas temáticas a un universo personal. De hecho Almodóvar
siempre se ha caracterizado por copiar escenas de otras películas y cambiarlas
en cierto modo para hacerlas suyas, cosa que también hacía en su faceta
musical. La segunda es la recurrencia de temas escatológicos en sus filmes, desde
verbalmente hasta momentos que no hemos podido ver en el cine clásico, por
ejemplo, continuamente vemos a algún personaje yendo al baño. La tercera es la
presencia de la mujer o del universo femenino, para él la mujer siempre ha sido
mucho más interesante dramáticamente que el hombre. Le gusta ponerlas en situaciones
extremas porque son mucho más ricas expresivamente que los hombres bajo esas
circunstancias. Coge a la mujer que había sido un objeto y la transforma en
sujeto que padece y siente, emergen cines influidos por este contexto, es el cine
del postmodernismo. Por último, la cuarta, Almodóvar recibe influencia directa
del PopArt que explota después de la muerte de Franco y caracteriza la España de
los 80, la Movida madrileña. Rescata la primera filosofía del PopArt, al comienzo
de su cine los personajes que viven en los márgenes, es decir, los repudiados
por la sociedad como los drogadictos, transexuales, prostitutas, etc, los
convierte en protagonistas de sus películas, técnica que recuerda al Ready-made
de Duchamp.
Almodóvar
empieza su andadura en la época del destape en el cine español. Él también se
desinhibe y muestra desnudos en la pantalla, la mujer aunque la convierta en
sujeto que siente y padece, va a despertar deseo y pasión en el hombre, de
hecho las películas de Almodóvar van a estar plagadas de estas dos premisas.
El
Deseo, productora del propio Almodóvar y su hermano Agustín fundada en 1985,
produce esta película que llevaba diez años esperando a ser filmada. La piel que habito (Pedro Almodóvar,
2011) es una adaptación libre de la novela Tarántula
de Thierry Jonquet que cuenta la historia de un cirujano plástico que tiene
encerrada en su mansión a modo de princesa de cuento macabro a una joven fruto
de un experimento médico. Esta es la premisa de las dos historias, tanto del
libro como de la novela, y que nos llevará a una serie de momentos clave cada
vez más retorcidos, angustiosos y aterradores.
En
esta película Almodóvar cuenta de nuevo con Antonio Banderas después de haber
trabajado juntos en Laberinto de pasiones
(Pedro Almodóvar, 1982), Matador (Pedro
Almodóvar, 1986), La ley del deseo (Pedro
Almodóvar, 1987), Mujeres al borde de un
ataque de nervios (Pedro Almodóvar, 1988) y ¡Átame! (Pedro Almodóvar, 1990). Parece que después de veintiún
años el manchego vuelve a confiar en Banderas y le obsequia con este regalo
interpretativo que es Robert Ledgard. Tras La
piel que habito Banderas aparecerá en Los
amantes pasajeros (Pedro Almodóvar, 2013) con un papel muy breve.
Universo
femenino almodovariano.
Como
ya se ha dicho con anterioridad, uno de los temas recurrentes en la filmografía
de Almodóvar es la presencia de la mujer o del universo femenino en sus
películas. En La piel que habito la
mujer como ente se personifica de maneras diferentes y con distintos
significados.
La
mujer como madre, tan presente en las películas del director, se nos presenta
en tres personajes distintos. La madre coraje como la Raimunda de Volver (Pedro Almodóvar, 2006), capaz de
darlo todo y hacer todo por su hija y su familia, está personificada en la
madre de Vicente, una mujer que sigue buscando a su hijo después de seis años
desaparecido, que sigue teniendo fe en que vuelva. En el caso de Marilia, la
madre de Robert, interpretada por Marisa Paredes, es una mujer a caballo entre
ser una mala madre y no serlo. Esta tiene dos hijos, a Robert lo protege, lo
exculpa de sus errores, se hace su cómplice, pero por el contrario, a Zeca lo
abandona a su suerte cuando es pequeño. Sería capaz de darlo todo, pero
solamente por uno de sus hijos, hace una elección que no es común de una buena
madre, de una madre coraje como la madre de Vicente. Quiere la salvación de
Robert aunque finalmente, como podemos ver, no la consigue. Por último tenemos
a la mala madre, por ejemplo, el personaje de Marisa Paredes en Tacones lejanos (Pedro Almodóvar, 1991)
que abandona a su hija para continuar su vida como cantante, en este caso la
madre de Norma que la abandona para marcharse con Zeca y que incluso su suicido
hace que su hija enloquezca y finalmente muera de la misma forma que ella.
Ser
una mujer en el universo almodovariano por lo general es duro. Es verdad que la
mujer tiene un protagonismo que no tiene le hombre, aunque en la película aquí
estudiada el personaje de Robert concretamente es bastante importante. La mujer
se encuentra en todo tipo de situaciones extremas durante el film, una de las
más recurrentes es la violación. Aquí Norma, el personaje que interpreta Blanca
Suárez, es violada en una fiesta por Vicente y se podría decir que es el
detonante de todo lo que va a suceder posteriormente. A raíz de esto Norma
empeora y finalmente acaba suicidándose lo que lleva a Robert a secuestrar a
Vicente y llevar a cabo su venganza.
Vicente
ya siendo Vera, porque de otra forma no se podría en el sentido de que es la
mujer la que padece, es violada como mujer por Zeca, el personaje más
almodovariano de la cinta. De una forma u otra esta mujer es maltratada por un
hombre al igual que había pasado cuando este personaje era Vicente. Podemos ver
a partir de este ejemplo y de muchos otros en las cintas de Almodóvar que el sexo
es entendido como la forma de interactuar que tienen el hombre y la mujer. Este
lo relata como un campo de batalla en el que se desborda la pasión y el deseo
en un acto casi mecánico.
Ser o no ser.
El
problema o búsqueda de la identidad va a ser otra particularidad clara del cine
de Almodóvar. Aquí concretamente sería un cambio obligado pero las películas
del cineasta manchego son reconocidas por introducir personajes, normalmente
hombres, transexuales o travestis.
Ya
lo hizo con Miguel Bosé en Tacones
lejanos (Pedro Almodóvar, 1991) donde este interpreta a un hombre que se
traviste para actuar en un cabaret o con Toni Cantó y la aparición de Antonia
San Juan en Todo sobre mi madre (Pedro
Almodóvar, 1999) donde Cantó interpreta a un transexual y San Juan a una prostituta
transexual. Una de las actrices que fue recurrente durante un tiempo en las
películas de Almodóvar fue Bibiana Fernández, reconocida transexual en España. Almodóvar
inserta estos personajes con total normalidad en sus películas, cosa que lo
distingue del resto de cineastas.
Este
caso, el de La piel que habito, no es
el mismo pero si existe ese juego para Almodóvar de la identidad. Un hombre que
transforman en mujer contra su voluntad, un hombre que aunque exteriormente es
mujer, presuponemos que por dentro se sigue sintiendo hombre de ahí que
finalmente se escape y vuelva a su hogar como Vicente aunque exteriormente sea
Vera. Lo que explora el director es el hecho de no identificarse interiormente
con el sexo del cuerpo que se tiene. Este es el tema central de la película,
sobre lo que va a girar todo lo demás.
El
placer de lo macabro.
La piel que habito es
sin lugar a dudas la película más oscura de Almodóvar. Se ha hablado de que por
ciertos aspectos podría considerarse la comedia como subgénero de esta película
pero realmente ningún ápice de comedia aparece en los 117 minutos que dura el
metraje, ni siquiera por Zeca que es el personaje más ridículo de toda la
historia.
Como
hemos dicho esta película es sombría e incluso nos puede producir escalofríos
en algún momento que otro. El personaje de Robert nos recuerda a un Doctor Frankenstein
obsesionado con su creación monstruosa, en este caso, una creación más perfecta
y bella. Ambos han fabricado una criatura a partir de pedazos por eso Vera se
siente identificada con la obra de Louise Bourgeois porque presenta muñecos sin
cara formados de retazos. No solo eso sino que una de las esculturas de
Bourgeois es una tarántula, nombre que le da título a la obra literaria en la
que se basa la película.
Tanto
Ledgard como Frankenstein mantienen a sus creaciones encerradas por temor a lo
que pueda pasar si las dejan libres, cosa que finalmente sucede y no acaba muy
bien para ninguno de los dos.
Una
influencia clara en La piel que habito es
la película Los ojos sin rostro (Georges
Franju, 1960) que cuenta la historia de una muchacha que a raíz de un accidente
de avión se le destroza la cara y va siempre con una máscara, mientras que su
padre secuestra mujeres para usarlas en la reconstrucción facial de su hija.
Esos ojos sin rostro, con máscara, son los mismos que los de Elena Anaya
llevando la suya como Vera, son unos ojos que ya no poseen una cara y por eso
se la tapan detrás de esa máscara. Al igual que Vera, el personaje de
Christiane de Los ojos sin rostro consigue
ser libre de la obsesión de su “amo”, en este caso su padre, matándolo.
Ambas
influencias ayudan a incrementar el lado tétrico de la cinta, pero este
carácter se ve también subrayado por el ambiente que rodea toda la historia y la
forma que tienen de actuar los personajes, sobre todo el de Robert Ledgard. Realmente
Robert Ledgard es un personaje que puede llegar a infundir terror, es frío y
controlador, y a pesar de que se quiere mostrar su dolor y su parte más humana,
seguimos viendo en él ese punto de locura que hace que nos den escalofríos.
Apuesta
por lo seguro.
Como
ya se ha dicho, Almodóvar vuelve a contar para esta cinta con Antonio Banderas
que hace un trabajo magistral interpretando al psicópata de Robert Ledgard. El
otro punto fuerte de la película y que está aún mejor que Banderas si cabe, es
Elena Anaya que repite con Almodóvar tras una pequeña aparición en Hable con ella. Anaya está espléndida en
su papel, una de las mejores actuaciones que se han visto de la palentina. El
personaje de Vera cobra vida por y para ella, crea una identidad artificial en
la que vemos como el personaje lucha y padece. Si el personaje hubiera sido
interpretado por Penélope Cruz como al principio quería Almodóvar, seguramente
no se hubiera obtenido el mismo resultado. Sin duda Anaya, deja en estado de
estupefacción.
Con
respecto a los demás miembros del reparto destacar quizás a Marisa Paredes en
ese papel de madre sufridora y cómplice que es Marilia. Pero de los demás no se
puede decir nada fuera de lo común, ni siquiera con Roberto Álamo que está
desaprovechado en el papel de Zeca e incluso provoca burla y risas en el
espectador. Blanca Suárez y Jan Cornet están los dos correctos y no consiguen
destacar.
La
música de Alberto Iglesias que acompaña a esta película y a muchas otras de
Almodóvar es maravillosa, elegante, sofisticada y le da al film el aire ese de
delicadeza que nos presenta el cuerpo inmaculado de Vera, con esa piel perfecta
y los monos que se adaptan a su figura estilizada y moldeable. Hay un trabajo
magnífico por parte del director de fotografía que consigue que la piel de ella
se vea artificial al lado de los demás personajes, simplemente espléndido.
Sin
lugar a dudas La piel que habito fue
una apuesta arriesgada por parte de Pedro Almodóvar que se salió un poco de lo
que normalmente se pueda esperar de él, cosa que resultó favorecedora ya que
las últimas películas que venía haciendo habían sido un poco flojas,
exceptuando Volver.
Desde
que Almodóvar rodara sus primeros cortos ha llovido y mucho, ya no es el chico
joven inmerso en el ambiente de la Movida madrileña, ahora es un hombre, un
director hecho y derecho con una técnica y estética propias reconocibles en
todo el mundo.
Amanda
Pavo Ferrezuelo.











