Título original: La flaqueza del bolchevique.
Director: Manuel Martín Cuenca.
Intérpretes: Luis Tosar, María Valverde, Mar Regueras, Nathalie Poza, Manolo Solo, Jordi Dauder, Yolanda Serrano, Enriqueta Carballeira, Ángela Herrera, Rubén Ochandiano, Roberto Gago, Daniel Grau, José Antonio Izaguirre.
Productora: Rioja Audiovisual.
Guión: Manuel Martín Cuenca (Novela: Lorenzo Silva).
Fotografía: Alfonso Parra.
Música: Roque Baños.
Año de producción: 2003.
España.
Duración: 95 minutos.
La cuarta corriente.
Manuel Martín Cuenca es un director español de cine actualmente en activo y que puede enmarcarse dentro de la corriente del Realismo tímido que caracteriza el cine de nuestro país desde 2001 hasta hoy.
El cine español se puede organizar en cuatro corrientes cuyo punto de partida está marcado por la muerte de Franco. La primera de ellas es la corriente revisionista cuyo inicio se puede señalar con la película Crimen de Cuenca (Pilar Miró, 1979) y el final en 1982 dando paso a la siguiente corriente. En este primer período tenemos películas crudas y cruentas cuya trama es un retroceso en nuestra historia para poder conocerla mejor. La segunda corriente es la llamada de revisionismo literario y consiste en adaptar al cine autores cuyas obras literarias han sido silenciadas de alguna manera, por ejemplo de esta época es Los Santos Inocentes (Mario Camus, 1984). Este período está comprendido entre 1982 y 1994. En 1994 da comienzo la corriente de Apóstoles del Postmodernismo con la película El día de la bestia (Álex de la Iglesia, 1995), este es un cine que definitivamente abandona el pasado y apuesta por unas temáticas universales. De este período es también por ejemplo Abre los ojos (Alejandro Amenábar, 1997) que podría decirse que es una copia de Vértigo (Alfred Hitchcock, 1958). El 2001, atentado contra las Torres Gemelas, es una fecha clave que marca el final de esta corriente y el principio de la que estamos viviendo ahora. La corriente del Realismo tímido tiene su punto de partida con la película Los lunes al sol (Fernando León de Aranoa, 2002) y se caracteriza por ser un período en el que las películas no tienen vocación de cambiar sino que el cineasta se informa solamente para que las historias sean creíble. Aquí se encuentra, como ya hemos dicho antes, el film que es nuestro objeto de análisis, La flaqueza del bolchevique (Manuel Martín Cuenca, 2003).
La película, adaptación homónima de la novela escrita por Lorenzo Silva, ambientada en la España del siglo XXI, más concretamente en Madrid en 2002, nos presenta una sociedad de clases en la que la élite tiene que ponerse por encima de las demás, como ha ocurrido siempre, y la clase a la que pertenece Pablo, nuestro protagonista, tiene que someterse e incluso abandonar aquello en lo que cree para conseguir un trabajo y poder ganarse la vida. Esta situación crea un estado de descontento y corrupción que caracteriza al personaje al principio de la película y no solo eso, es la imagen y realidad que definen la sociedad española contemporánea.
La
flaqueza del bolchevique es el primer largo de ficción de
Martín Cuenca tras haber hecho varios documentales y cortos, con este se
consagra como director de la mano del mismo escritor de la novela que ayudó a componer
el guion. Aunque muy fiel al libro, la película difiere en varios aspectos,
como por ejemplo la intención de la relación que mantienen los dos
protagonistas o el nombre del personaje que representa María Valverde, llamada Rosana
en la novela. El libro está narrado en primera persona y sabemos en todo
momento los pensamientos de Pablo que va cambiando a lo largo de la trama.
La verdadera flaqueza de aquel bolchevique.
La obra, tanto en la
novela como en el film, debe su nombre a algo que dicen que ocurrió cuando la
familia imperial rusa estaba retenida en la casa Ipátiev antes de ser
ejecutados. Algunos cuentan que un bolchevique al ver a la Gran Duquesa Olga,
la hija mayor del zar, se quedó tan prendado de ella que horas antes de su
ejecución la violó contra su voluntad, de ahí la flaqueza del bolchevique.
Otros opinan que la historia
real fue que existió una historia de “amor” entre uno de los miembros
bolcheviques y la Gran Duquesa María, tercera hija del zar. Según dicen, María
era la más bella de las cuatro hermanas y le gustaba coquetear con los soldados
y los guardias que finalmente la ejecutaron a ella y a toda su familia.
No hay que estar ciego
para ver similitudes entre esta historia y la que se cuenta en la película, el
personaje de María, cuyo nombre es el mismo que el de la Gran Duquesa a pesar
de que como ya se ha dicho en el libro es diferente, un jovencita de alta cuna cuya
belleza hipnotiza desde un principio a Pablo, que se llama así mismo
bolchevique, empieza a tener una relación platónica e intelectual, en este
caso, con un hombre mayor que ella y de distinta clase social. Una relación que
acabará de una forma catastrófica, al igual que pasó con la familia imperial
rusa.
Una sociedad putrefacta.
La película nos cuenta
la historia de Pablo, un hombre de unos treinta y tantos años que trabaja en un
banco. La mañana en la que da comienzo el film, Pablo se dirige a trabajar,
oímos sus pensamientos mientras va en el coche, está harto de todo y de todos
por lo que para no pensar pone la música de un grupo que le encanta y se deja
llevar porque es el único momento en que es él mismo. En un descuido su coche
impacta contra el vehículo de adelante y de él sale Sonsoles, una pija
insoportable que choca con Pablo desde el principio. Tras el incidente este se
va a trabajar y sigue con su vida hasta que recibe la nota del seguro del coche
en la que Sonsoles ha mentido. Pablo consigue su número de teléfono y dirección
para mortificarla, un día, después de haberla intentado atormentar por
teléfono, la sigue en su coche hasta el colegio donde estudia su hermana y es
ahí cuando Pablo conoce a María por primera vez y su vida da un vuelco.
El hecho de que Pablo
sea banquero no es casualidad, es la forma de representar por parte de Silva y
Martín Cuenca la sociedad en la que vivimos. Estamos rodeados de edificios
altos, atascados por el tráfico cada día, habitamos en un mundo que no deja
lugar a ser uno mismo. Muchos, como el caso de nuestro protagonista, están “obligados”
a trabajar en algo que no les gusta solo para poder mantenerse, nos presenta el
mundo laboral de estratos, donde el que no tiene un contrato fijo está
continuamente en riesgo de que lo echen a la calle o donde el jefe solo está
interesado por los resultados y carece de empatía humana. Es una sociedad, la
actual, de subordinados que están podridos por dentro al igual que Pablo como
podemos ver cuando llama a Sonsoles por teléfono y le dice que le va a arrancar
el hígado y a comérselo frito. Así se siente pablo hasta que conoce a María.
María y Pablo.
María con su fresca
juventud va a hacer recordar a Pablo la suya propia, cuando peleaba por lo
creía y no era un sometido, con ella se va a sentir libre, va a ser él mismo.
Lo que parecía en un principio un acoso por parte de Pablo, se convierte en una
relación que aunque nos recuerda mucho a la Lolita
(Stanley Kubrick, 1962) de Nabokov o Kubrick, debido a esa irresistible
sensación que siente Pablo hacia María, a ese juego de ella o incluso hasta el
final, como dice el mismo Silva “La
flaqueza del bolchevique no tiene nada que ver con Lolita porque en la obra de Nabokov existe una consumación erótica
y en esta novela todo es simbólico y platónico”1. De hecho cuando
Pablo ve que lo que está haciendo no tiene sentido, corta la relación con
María, esta es su flaqueza, a la única que no fusilaría.
María busca en él, aparte de seguirle el juego, a una persona que se sienta como ella, una persona perdida y sola. La joven vive con su familia pero ciertamente no forma parte de esta, durante la película no la vemos ni entablar conversación con ellos, se encuentra fuera de lugar al igual que Pablo al que ya no le une nada con su padre. Ambos se complementan perfectamente y solo la relación del uno con el otro los llena y hace felices de verdad. A María realmente le duele que Pablo le mienta, para ella es una traición por parte del hombre al que se ha confiado, aun así acaba perdonándolo porque se necesitan.
El desdichado suceso
que ocurre al final de la película se puede intuir desde el inicio. Una
relación que empieza con mentiras, por parte de Pablo, una relación que no es
sana no puede acabar bien de ninguna manera. El hecho de que cuando por fin
parece que se van a besar y son interrumpidos por los asaltantes estaba escrito
desde un principio, su enamoramiento estaba maldito. Los tipos contratados por
Sonsoles para asustar a Pablo y que finalmente matan por accidente a María son
los encargados de terminar la trama que en la primera escena, cuando Pablo ojea
el libro con la fotografía de las hijas del zar, se queda abierta. El
espectador no puede ver las páginas finales de este libro, por tanto no puede
intuir el derramamiento de sangre inocente que se ha de producir para que la historia
se cierre perfectamente, derramamiento de sangre que se produce finalmente con
la muerte de María a manos de estos bárbaros. El bolchevique ha matado a su
amada porque todas sus acciones los han llevado a este momento concreto.
Pablo, aunque no es la persona que empuja a María causando su muerte, es culpable, en la película no se llega a decir porqué está en la cárcel pero suponemos que es por esto. A él realmente parece ser que ya no le importa nada porque lo único que le queda es el recuerdo de María, la bella, joven y frágil María nadando en la piscina. Y aunque está en una celda, se siente libre porque la tiene en su memoria y puede estar con ella siempre que quiera. María le ha dado la vida, le ha dado todo.
María busca en él, aparte de seguirle el juego, a una persona que se sienta como ella, una persona perdida y sola. La joven vive con su familia pero ciertamente no forma parte de esta, durante la película no la vemos ni entablar conversación con ellos, se encuentra fuera de lugar al igual que Pablo al que ya no le une nada con su padre. Ambos se complementan perfectamente y solo la relación del uno con el otro los llena y hace felices de verdad. A María realmente le duele que Pablo le mienta, para ella es una traición por parte del hombre al que se ha confiado, aun así acaba perdonándolo porque se necesitan.
Pablo, aunque no es la persona que empuja a María causando su muerte, es culpable, en la película no se llega a decir porqué está en la cárcel pero suponemos que es por esto. A él realmente parece ser que ya no le importa nada porque lo único que le queda es el recuerdo de María, la bella, joven y frágil María nadando en la piscina. Y aunque está en una celda, se siente libre porque la tiene en su memoria y puede estar con ella siempre que quiera. María le ha dado la vida, le ha dado todo.
1 Entrevista a Lorenzo Silva en El Mundo “'La flaqueza del bolchevique debuta en inglés” (2013). http://www.elmundo.es/elmundo/2013/07/02/cultura/1372757750.html [Consulta: sábado 4 de abril de 2015].
Banda sonora y estética.
La banda sonora de la
película compuesta por Roque Baños es sencillamente excepcional. Bonita siempre
y melancólica, acompaña a los personajes en ese otoño por la capital española.
Todo cobra vida y sentido alrededor de ellos y eso es gracias en buena medida a
Roque Baños. Es una banda sonora de composición clásica donde predomina el
piano y que dota de elegancia los sentimientos que mueven a cada personaje.
Técnicamente el uso de
primeros planos es muy importante en el film para poder adivinar lo que están
pensando los personajes, sobre todo Pablo, que en el libro como ya hemos dicho,
se oyen todo el rato sus pensamientos. Así como la elección de cada una de las
localizaciones extremadamente cuidadas ya sean en exterior o interior. La
elección de una ciudad bulliciosa, ruidosa y contaminada no es fortuita.
Un tándem perfecto.
En esta película hay un
extraordinario trabajo de casting. No es de extrañar que cogieran a Luis Tosar
para el papel de Pablo, el gallego representa con excelente maestría la
personalidad de un personaje difícil de descifrar. Tosar es uno de los actores
pilares en el cine nacional actual que no solo atrapa con la mirada sino que te
hace sentir, sentir rechazo y atracción al mismo tiempo. Suele dar vida a tipos
misteriosos e inquietantes, de carácter fuerte, personajes que él personalmente
borda. Es imposible imaginarte al Malamadre de Celda 211 (Daniel Monzón, 2009) sin otro que no sea Tosar, es un
actor que se desvive y eso se nota.
Pero el descubrimiento
sin duda del film es María Valverde que debutó en el cine con esta película y
que además se llevó el Goya a mejor actriz revelación por ella en 2003. María
aporta la frescura, inocencia y dulzura que el personaje necesitaba, el
resultado es creíble, espontáneo, retrata con veracidad la personalidad que
pueda tener una niña de quince años que está viviendo una madurez prematura.
Asombra que para ser el primer trabajo de Valverde, tenga este resultado tan
abrumador.
La química entre los
dos actores hace brillar el film que a manos de otros se hubiera convertido en
una cosa totalmente distinta.
Amanda Pavo Ferrezuelo




Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarAl margen de la validez de la despersonalización en las relaciones laborales que enturbian el asunto principal, tengo la impresión de que el ángulo Bolchevique/María con que se analiza la película resulta bastante superfluo a la vista del material que da origen al tema de fondo: dos personas que viven fuera de su edad emocional y de la satisfacción de sus circunstancias de vida confluyen en un instante del tempo que les permite interactuar y descubrir la solución mutua a sus vacíos y necesidades fundamentales. Con los recursos para explorar esas posibilidades, poseen además suficiente control sobre los límites y tiempos capaces de permitirles construir pausadamente una bella y perfectamente creíble historia de amor, ajenos al hecho de que factores ajenos a su propia voluntad podrían definir su viabilidad.
ResponderEliminar