Proyecto Teoría y Crítica Audiovisual y Multimedia.

domingo, 26 de abril de 2015

La piel que habito. La lucha por preservar la identidad.

FICHA TÉCNICA
Título original: La piel que habito.
Director: Pedro Almodóvar.
Intérpretes: Antonio Banderas, Elena Anaya, Marisa Paredes, Jan Cornet, Blanca Suárez, Bárbara Lennie, Eduard Fernández, Roberto Álamo.
Productora: El Deseo S.A.
Guión: Pedro Almodóvar (Novela: Thierry Jonquet).
Fotografía: José Luis Alcaine.
Música: Alberto Iglesias.
Año de producción: 2011. España.
Duración: 117 minutos.

Almodóvar es diferenciación.

Pedro Almodóvar es uno de los directores españoles más reconocidos internacionalmente, por no decir el que  más. A lo largo de los años, aunque rechazado por muchos, se ha ganado una fama o una gloria más que merecida.

El cine de Almodóvar ya casi prácticamente desde sus inicios sigue unas pautas por las que va a ser identificado inmediatamente; la primera se podría decir que es una influencia del cine clásico americano. Desde Howard Hughes hasta Alfred Hitchcock. Extrapola estas temáticas a un universo personal. De hecho Almodóvar siempre se ha caracterizado por copiar escenas de otras películas y cambiarlas en cierto modo para hacerlas suyas, cosa que también hacía en su faceta musical. La segunda es la recurrencia de temas escatológicos en sus filmes, desde verbalmente hasta momentos que no hemos podido ver en el cine clásico, por ejemplo, continuamente vemos a algún personaje yendo al baño. La tercera es la presencia de la mujer o del universo femenino, para él la mujer siempre ha sido mucho más interesante dramáticamente que el hombre. Le gusta ponerlas en situaciones extremas porque son mucho más ricas expresivamente que los hombres bajo esas circunstancias. Coge a la mujer que había sido un objeto y la transforma en sujeto que padece y siente, emergen cines influidos por este contexto, es el cine del postmodernismo. Por último, la cuarta, Almodóvar recibe influencia directa del PopArt que explota después de la muerte de Franco y caracteriza la España de los 80, la Movida madrileña. Rescata la primera filosofía del PopArt, al comienzo de su cine los personajes que viven en los márgenes, es decir, los repudiados por la sociedad como los drogadictos, transexuales, prostitutas, etc, los convierte en protagonistas de sus películas, técnica que recuerda al Ready-made de Duchamp.

Almodóvar empieza su andadura en la época del destape en el cine español. Él también se desinhibe y muestra desnudos en la pantalla, la mujer aunque la convierta en sujeto que siente y padece, va a despertar deseo y pasión en el hombre, de hecho las películas de Almodóvar van a estar plagadas de estas dos premisas.

El Deseo, productora del propio Almodóvar y su hermano Agustín fundada en 1985, produce esta película que llevaba diez años esperando a ser filmada. La piel que habito (Pedro Almodóvar, 2011) es una adaptación libre de la novela Tarántula de Thierry Jonquet que cuenta la historia de un cirujano plástico que tiene encerrada en su mansión a modo de princesa de cuento macabro a una joven fruto de un experimento médico. Esta es la premisa de las dos historias, tanto del libro como de la novela, y que nos llevará a una serie de momentos clave cada vez más retorcidos, angustiosos y aterradores.



En esta película Almodóvar cuenta de nuevo con Antonio Banderas después de haber trabajado juntos en Laberinto de pasiones (Pedro Almodóvar, 1982), Matador (Pedro Almodóvar, 1986), La ley del deseo (Pedro Almodóvar, 1987), Mujeres al borde de un ataque de nervios (Pedro Almodóvar, 1988) y ¡Átame! (Pedro Almodóvar, 1990). Parece que después de veintiún años el manchego vuelve a confiar en Banderas y le obsequia con este regalo interpretativo que es Robert Ledgard. Tras La piel que habito Banderas aparecerá en Los amantes pasajeros (Pedro Almodóvar, 2013) con un papel muy breve.

Universo femenino almodovariano.

Como ya se ha dicho con anterioridad, uno de los temas recurrentes en la filmografía de Almodóvar es la presencia de la mujer o del universo femenino en sus películas. En La piel que habito la mujer como ente se personifica de maneras diferentes y con distintos significados.

La mujer como madre, tan presente en las películas del director, se nos presenta en tres personajes distintos. La madre coraje como la Raimunda de Volver (Pedro Almodóvar, 2006), capaz de darlo todo y hacer todo por su hija y su familia, está personificada en la madre de Vicente, una mujer que sigue buscando a su hijo después de seis años desaparecido, que sigue teniendo fe en que vuelva. En el caso de Marilia, la madre de Robert, interpretada por Marisa Paredes, es una mujer a caballo entre ser una mala madre y no serlo. Esta tiene dos hijos, a Robert lo protege, lo exculpa de sus errores, se hace su cómplice, pero por el contrario, a Zeca lo abandona a su suerte cuando es pequeño. Sería capaz de darlo todo, pero solamente por uno de sus hijos, hace una elección que no es común de una buena madre, de una madre coraje como la madre de Vicente. Quiere la salvación de Robert aunque finalmente, como podemos ver, no la consigue. Por último tenemos a la mala madre, por ejemplo, el personaje de Marisa Paredes en Tacones lejanos (Pedro Almodóvar, 1991) que abandona a su hija para continuar su vida como cantante, en este caso la madre de Norma que la abandona para marcharse con Zeca y que incluso su suicido hace que su hija enloquezca y finalmente muera de la misma forma que ella.

Ser una mujer en el universo almodovariano por lo general es duro. Es verdad que la mujer tiene un protagonismo que no tiene le hombre, aunque en la película aquí estudiada el personaje de Robert concretamente es bastante importante. La mujer se encuentra en todo tipo de situaciones extremas durante el film, una de las más recurrentes es la violación. Aquí Norma, el personaje que interpreta Blanca Suárez, es violada en una fiesta por Vicente y se podría decir que es el detonante de todo lo que va a suceder posteriormente. A raíz de esto Norma empeora y finalmente acaba suicidándose lo que lleva a Robert a secuestrar a Vicente y llevar a cabo su venganza.

Vicente ya siendo Vera, porque de otra forma no se podría en el sentido de que es la mujer la que padece, es violada como mujer por Zeca, el personaje más almodovariano de la cinta. De una forma u otra esta mujer es maltratada por un hombre al igual que había pasado cuando este personaje era Vicente. Podemos ver a partir de este ejemplo y de muchos otros en las cintas de Almodóvar que el sexo es entendido como la forma de interactuar que tienen el hombre y la mujer. Este lo relata como un campo de batalla en el que se desborda la pasión y el deseo en un acto casi mecánico.

Ser o no ser.

El problema o búsqueda de la identidad va a ser otra particularidad clara del cine de Almodóvar. Aquí concretamente sería un cambio obligado pero las películas del cineasta manchego son reconocidas por introducir personajes, normalmente hombres, transexuales o travestis.

Ya lo hizo con Miguel Bosé en Tacones lejanos (Pedro Almodóvar, 1991) donde este interpreta a un hombre que se traviste para actuar en un cabaret o con Toni Cantó y la aparición de Antonia San Juan en Todo sobre mi madre (Pedro Almodóvar, 1999) donde Cantó interpreta a un transexual y San Juan a una prostituta transexual. Una de las actrices que fue recurrente durante un tiempo en las películas de Almodóvar fue Bibiana Fernández, reconocida transexual en España. Almodóvar inserta estos personajes con total normalidad en sus películas, cosa que lo distingue del resto de cineastas.



Este caso, el de La piel que habito, no es el mismo pero si existe ese juego para Almodóvar de la identidad. Un hombre que transforman en mujer contra su voluntad, un hombre que aunque exteriormente es mujer, presuponemos que por dentro se sigue sintiendo hombre de ahí que finalmente se escape y vuelva a su hogar como Vicente aunque exteriormente sea Vera. Lo que explora el director es el hecho de no identificarse interiormente con el sexo del cuerpo que se tiene. Este es el tema central de la película, sobre lo que va a girar todo lo demás.

El placer de lo macabro.

La piel que habito es sin lugar a dudas la película más oscura de Almodóvar. Se ha hablado de que por ciertos aspectos podría considerarse la comedia como subgénero de esta película pero realmente ningún ápice de comedia aparece en los 117 minutos que dura el metraje, ni siquiera por Zeca que es el personaje más ridículo de toda la historia.

Como hemos dicho esta película es sombría e incluso nos puede producir escalofríos en algún momento que otro. El personaje de Robert nos recuerda a un Doctor Frankenstein obsesionado con su creación monstruosa, en este caso, una creación más perfecta y bella. Ambos han fabricado una criatura a partir de pedazos por eso Vera se siente identificada con la obra de Louise Bourgeois porque presenta muñecos sin cara formados de retazos. No solo eso sino que una de las esculturas de Bourgeois es una tarántula, nombre que le da título a la obra literaria en la que se basa la película.

Tanto Ledgard como Frankenstein mantienen a sus creaciones encerradas por temor a lo que pueda pasar si las dejan libres, cosa que finalmente sucede y no acaba muy bien para ninguno de los dos.

Una influencia clara en La piel que habito es la película Los ojos sin rostro (Georges Franju, 1960) que cuenta la historia de una muchacha que a raíz de un accidente de avión se le destroza la cara y va siempre con una máscara, mientras que su padre secuestra mujeres para usarlas en la reconstrucción facial de su hija. Esos ojos sin rostro, con máscara, son los mismos que los de Elena Anaya llevando la suya como Vera, son unos ojos que ya no poseen una cara y por eso se la tapan detrás de esa máscara. Al igual que Vera, el personaje de Christiane de Los ojos sin rostro consigue ser libre de la obsesión de su “amo”, en este caso su padre, matándolo.



Ambas influencias ayudan a incrementar el lado tétrico de la cinta, pero este carácter se ve también subrayado por el ambiente que rodea toda la historia y la forma que tienen de actuar los personajes, sobre todo el de Robert Ledgard. Realmente Robert Ledgard es un personaje que puede llegar a infundir terror, es frío y controlador, y a pesar de que se quiere mostrar su dolor y su parte más humana, seguimos viendo en él ese punto de locura que hace que nos den escalofríos.

Apuesta por lo seguro.

Como ya se ha dicho, Almodóvar vuelve a contar para esta cinta con Antonio Banderas que hace un trabajo magistral interpretando al psicópata de Robert Ledgard. El otro punto fuerte de la película y que está aún mejor que Banderas si cabe, es Elena Anaya que repite con Almodóvar tras una pequeña aparición en Hable con ella. Anaya está espléndida en su papel, una de las mejores actuaciones que se han visto de la palentina. El personaje de Vera cobra vida por y para ella, crea una identidad artificial en la que vemos como el personaje lucha y padece. Si el personaje hubiera sido interpretado por Penélope Cruz como al principio quería Almodóvar, seguramente no se hubiera obtenido el mismo resultado. Sin duda Anaya, deja en estado de estupefacción.

Con respecto a los demás miembros del reparto destacar quizás a Marisa Paredes en ese papel de madre sufridora y cómplice que es Marilia. Pero de los demás no se puede decir nada fuera de lo común, ni siquiera con Roberto Álamo que está desaprovechado en el papel de Zeca e incluso provoca burla y risas en el espectador. Blanca Suárez y Jan Cornet están los dos correctos y no consiguen destacar.

La música de Alberto Iglesias que acompaña a esta película y a muchas otras de Almodóvar es maravillosa, elegante, sofisticada y le da al film el aire ese de delicadeza que nos presenta el cuerpo inmaculado de Vera, con esa piel perfecta y los monos que se adaptan a su figura estilizada y moldeable. Hay un trabajo magnífico por parte del director de fotografía que consigue que la piel de ella se vea artificial al lado de los demás personajes, simplemente espléndido.

Sin lugar a dudas La piel que habito fue una apuesta arriesgada por parte de Pedro Almodóvar que se salió un poco de lo que normalmente se pueda esperar de él, cosa que resultó favorecedora ya que las últimas películas que venía haciendo habían sido un poco flojas, exceptuando Volver.

Desde que Almodóvar rodara sus primeros cortos ha llovido y mucho, ya no es el chico joven inmerso en el ambiente de la Movida madrileña, ahora es un hombre, un director hecho y derecho con una técnica y estética propias reconocibles en todo el mundo.

Amanda Pavo Ferrezuelo.


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